Periodista Freelance: Lo bueno si breve dos veces bueno

Mucha gente piensa que lo importante es decir cosas, lanzar mensajes, contar la vida de uno mismo sin que nadie le haya preguntado o, lo que es peor, la de otros, con tal de evitar los silencios a toda costa.

Gran error es hablar por hablar con otra persona, pues al otro puede parecerle la experiencia más pesada y aburrida de su vida; dejar un mal recuerdo, una impresión poco atractiva, no es el objetivo de nadie.

En los artículos periodísticos pasa lo mismo. Un artículo que divaga, da vueltas alrededor del sentido del mismo y retrasa el momento álgido sin acierto, pierde al lector por el camino.

Si ya es difícil leer un artículo periodístico demasiado extenso en la prensa escrita, mucho peor si es online. Por eso, en Pancomunicación optamos por comunicar mensajes cortos, interesantes y agudos.

Es mucho más efectivo, mucho más respetuoso hacia la inteligencia del lector y hacia el tiempo del que dispone. Si vamos a decir algo, después del debido contexto, digámoslo directamente en los  artículos periodísticos.

A continuación, un ejemplo de Periodista Freelance publicado en la revista Ideas Clave.

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Rosenblum: Las empresas ocultan su monstruoso comportamiento detrás de la publicidad.

La industria de la publicidad no ha cambiado desde los años sesenta. Está anclada en el pasado y necesita ser destruida y reinventada. Nos estamos acercando al fin de la publicidad tal y como la entendíamos hasta ahora, simplemente porque la gente ya se ha dado cuenta de que hay maneras mucho más efectivas de construir una marca que la vieja disciplina.

Jeff Rosenblum, cofundador de la agencia de publicidad Questus, una de las más importantes de Estados Unidos, es un apasionado de su trabajo, tanto que hasta ha hecho un documental sobre él llamado The Naked Brand, en el que fulmina su propia industria.

Rosemblum acusa, ni más ni menos, a todas las compañías de ocultar su “monstruoso comportamiento detrás de la publicidad”. Con Internet, el público tiene más voz que nunca y, por primera vez, puede hundir una marca con un aluvión de quejas online. Este rompedor profesional aconseja a las grandes marcas que en vez de gastar millones de dólares en publicidad, utilicen ese dinero para mejorar. La clave está en no solo repetir “somos los mejores” sino intentar serlo por todos los medios y, una vez que esto se ha conseguido, entonces usar las redes sociales para decírselo al mundo entero.

En este nuevo paradigma, el papel de las agencias de publicidad también se ve afectado. Según Rosemblum, en lugar de ser un equipo de mentirosos bien remunerados, deberían actuar más como consultores, y ayudar a las compañías a consolidar sus negocios y a mejorar la reputación de la marca apoyándose en sus logros.

A pesar de este anquilosamiento de la publicidad, la mayoría de agencias no parecen estar dispuestas a cambiar su proceder. Los anuncios de veinte segundos y los banners en las páginas web siguen siendo sus productos estrella, aún cuando ya se ha demostrado su baja efectividad, pues cada vez el público es más reacio a aguantar publicidad que no ha solicitado.

Cuesta creer que un negocio que mueve trescientos mil millones de dólares en el mundo anualmente, no ha hecho nada por mejorarse ni por adaptarse desde hace medio siglo. En este caso, estar tan bien pagados sus servicios, ha jugado en su contra con la llegada de una nueva era.

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